Buenas noches, mis queridos amigos. Hace mucho tiempo que no publico, y debo admitir que este hecho me quita el sueño. Son tantas las cosas que quiero compartir, y por otro lado, me apetece tan poco convertirme en una blogger egocéntrica que cree que cualquier cosa que transmita cambiará el sentido del mundo... Pensarán Vds. que soy un ser atormentado, lleno de prejuicios y complejos, pero no es así. Simplemente soy muy crítica y exigente conmigo misma.
Pero dejemos apartadas, por el momento, este tipo de cuestiones. De hecho estos días, en lugar de apoltronarme en el sofá, me he dedicado a salir por este Madrid que tanto adoro, paseando, de compras, quedando con amigas y haciendo todas esas cosas finas que toda señorita desearía hacer.
Mi amiga Nicole, la amiga más moderna que tengo, alarmada por el tono nihilista de mi último post, me llamó y me sacó de paseo. Fue una tarde muy agradable, visitando tiendas de antigüedades y de ropa vintage, tocando todo y no comprando nada y degustando bebidas espirituosas en pequeñas dosis. Parecíamos Sarah Jessica Parker y Cynthia Nixon pisando las estrechas aceras de Triball como si fuera la Quinta Avenida. Aunque un golpe en la rodilla con un bolardo me hizo volver a la realidad.
En uno de los pintorescos locales de la zona me interesé por una actividad: degustación de Gin Tonics en mi propio domicilio. A los tres días tenía al barman en casa. Invité a todas mis amigas, como Nicole, siempre rompedora, que apareció ataviada con un sombrero de fieltro y una negligée que dejaba poco para la imaginación. También acudieron mi vecina de rellano, la Rosa Mari, y la Tati, encargada del "Jack&Jones" y presidenta del club de fans de Shaila Dúrcal. Jacinta la Heavy hizo una fugaz aparición, pues bajó a llamar por teléfono y no volvió a subir. Nadie se percató de su ausencia, pues ya íbamos todas algo achispadas.
El barman era un profesional tan fabuloso que convertía cada combinado en un elixir prohibido. Fue una velada tan elegante, fresca, divertida, chispeante... Una aureola de magia irrepetible nos envolvió, de tal forma que acabé comprando dos botellas de Hendricks que me salieron muy poco económicas.
Cuando desperté a la mañana siguiente, algo aturdida, me miré al espejo. Y cuando me ví reflejada con la camisola de dormir, pálida como la cera y con el cabello mediterráneo encrespado, mi aspecto era tan lamentable que cualquier apuesto galán que me hubiera visto de esa guisa hubiera huído despavorido.
Por suerte, tengo reservas de ginebra para el largo invierno. Estáis todos invitados. ¿Con una rodaja de pepino o de limón?
jueves, 17 de noviembre de 2011
lunes, 10 de octubre de 2011
De lo mío sigo igual
He pasado el fin de semana con mucho desánimo. Si me tumbaba en la alcoba para relajarme nada hacía que me evadiera, ninguna lectura me entretenía y ninguna receta del libro de Simone Ortega me parecía lo suficientemente sugestiva. No me apetecía asearme ni acicalarme para salir a la calle. Sin embargo,alguna visita me hubiese agradado. Pensé en mi amiga Jacinta la Heavy, que tiene la fea costumbre de presentarse en mi casa sin avisar cuando le viene en gana, pero cuando intentas contactar con ella para quedar o charlar, nunca está localizable. Le dí varios toques al móvil, por si acaso, pero no contestó. La esperé toda la tarde hasta que llegué a la conclusión de que Jacinta es el tipo de amiga que siempre está a tu lado cuando realmente no la necesitas.
Dado mi estado, esta mañana he ido a ver nuevamente a mi médico de cabecera, la doctora Palmer. No tengo reparo en acudir a ella las veces que sean necesarias, por algo pago un seguro. Es una gran profesional, pero hoy estaba algo hosca y carente de empatía.
"Señorita Bárbola, no pienso recetarle ninguna caja de Seroxat, puesto que hacen el mismo efecto en su organismo que un Smint".
Regresé a casa, me preparé un sandwich de pan Bimbo con sardinillas en aceite vegetal y conseguí conciliar el sueño en la sobremesa, pero solo unos minutos. Tuve un sueño en el que me veía a mí misma dentro de varias décadas, conviviendo con un robot Asimo que me acompañaba al médico, a la farmacia, preparaba el desayuno, limpiaba la casa y sintonizaba los canales de la TDT. Hablaba y transmitía emociones, era un gran amigo. Desperté justo en el momento en que bailábamos un pasodoble en las fiestas de la Paloma. No me dio tiempo a averiguar si Asimo era vecino de esta Villa o un empleado de los Servicios Sociales del Ayuntamiento.
Miré el reloj y recordé que tenía turno de tarde en el Jack&Jones. Me pinté los labios, me prendí una flor en el pelo y salí escopetada para Fuencarral. El bullicio, la música tecno y la insolencia de la clientela me han ayudado a recuperar mi espíritu.
Dado mi estado, esta mañana he ido a ver nuevamente a mi médico de cabecera, la doctora Palmer. No tengo reparo en acudir a ella las veces que sean necesarias, por algo pago un seguro. Es una gran profesional, pero hoy estaba algo hosca y carente de empatía.
"Señorita Bárbola, no pienso recetarle ninguna caja de Seroxat, puesto que hacen el mismo efecto en su organismo que un Smint".
Regresé a casa, me preparé un sandwich de pan Bimbo con sardinillas en aceite vegetal y conseguí conciliar el sueño en la sobremesa, pero solo unos minutos. Tuve un sueño en el que me veía a mí misma dentro de varias décadas, conviviendo con un robot Asimo que me acompañaba al médico, a la farmacia, preparaba el desayuno, limpiaba la casa y sintonizaba los canales de la TDT. Hablaba y transmitía emociones, era un gran amigo. Desperté justo en el momento en que bailábamos un pasodoble en las fiestas de la Paloma. No me dio tiempo a averiguar si Asimo era vecino de esta Villa o un empleado de los Servicios Sociales del Ayuntamiento.
Miré el reloj y recordé que tenía turno de tarde en el Jack&Jones. Me pinté los labios, me prendí una flor en el pelo y salí escopetada para Fuencarral. El bullicio, la música tecno y la insolencia de la clientela me han ayudado a recuperar mi espíritu.
lunes, 3 de octubre de 2011
Match Point
El otro día creé una cuenta en E Darling. Debí levantarme optimista, no conforme a resignarme a mi naturaleza y limitaciones. Me cité con un apuesto caballero, para charlar y conocernos mejor. Era tenista y me invitó a uno de sus partidos, en el club Somontes de El Pardo. "Vestiré un polo blanco y azul" me puso en un sms. Allí me presenté. Dudé en ponerme un conjunto Lacoste de falda corta muy apropiado, pero al final opté por camisa blanca y jeans. Una pulsera Pandora remataba mi atuendo. No quiero convertirme en una especie de Carrie Bradshaw. Detrás tenía dos señoras de unos cuarenta y cinco años, con un pelo rubio luminoso y esponjoso, ataviadas con vistosas joyas. El partido me aburrió tanto que intenté entablar conversación con las dos damas. Me ignoraron completamente, pero me entretuve escuchándolas.
- Pues sí, estuvimos en Paris y tampoco es para tanto la fama que tiene. Madrid me gusta mucho más, mucho más limpio. Tanto bombo con los Campos Elíseos y está mucho mejor La Castellana...
- Y La Almudena más señorial que Notre Dame...
- Claro que sí, y el metro de Madrid es el mejor de Europa, nada que ver con la basura que tienen ellos...
El tenista se acercó a la grada tras su paso por el vestuario. Cuando me vio se quedó inmóvil, mentiría si dijera que estoy acostumbrada a ese tipo de reacciones.
- ¿Te vienes a tomar algo al bar del club?
- Será un placer.
- ¿Qué te ha parecido el partido?
- No entiendo mucho de tenis.
Me miró sonriente y dijo con desdén:
- ¿Qué pasa? ¿Que no te gustan los deportes?
- Por supuesto que sí, caballero. Me gusta la equitación, la gimnasia rítmica, el patinaje, la natación sincronizada...
- Invítame algún día a verte patinar.
Y lanzó una sonora, desagradable e interminable carcajada que se me clavó en el estómago como la punta de un cristal.
Le miré fijamente y de forma inquisitiva.
- Eso será el día que Usted me invite a algún partido suyo del circuito de la ATP.
Se quedó boquiabierto, el muy estúpido. Antes de que articulara frase alguna, le espeté:
- Y lo siento, pero me tengo que ir. Ayer ví "Match point" y desconfío de los tenistas aficionados.
Me dí la vuelta y volví a casa. No miré atrás en ningún momento. Recuerdo el episodio con amargura, pero feliz por no haber perdido mi orgullo. Imagino que he vuelto a entrar en otra larga etapa de recelo hacia las virtudes del sexo opuesto.
- Pues sí, estuvimos en Paris y tampoco es para tanto la fama que tiene. Madrid me gusta mucho más, mucho más limpio. Tanto bombo con los Campos Elíseos y está mucho mejor La Castellana...
- Y La Almudena más señorial que Notre Dame...
- Claro que sí, y el metro de Madrid es el mejor de Europa, nada que ver con la basura que tienen ellos...
El tenista se acercó a la grada tras su paso por el vestuario. Cuando me vio se quedó inmóvil, mentiría si dijera que estoy acostumbrada a ese tipo de reacciones.
- ¿Te vienes a tomar algo al bar del club?
- Será un placer.
- ¿Qué te ha parecido el partido?
- No entiendo mucho de tenis.
Me miró sonriente y dijo con desdén:
- ¿Qué pasa? ¿Que no te gustan los deportes?
- Por supuesto que sí, caballero. Me gusta la equitación, la gimnasia rítmica, el patinaje, la natación sincronizada...
- Invítame algún día a verte patinar.
Y lanzó una sonora, desagradable e interminable carcajada que se me clavó en el estómago como la punta de un cristal.
Le miré fijamente y de forma inquisitiva.
- Eso será el día que Usted me invite a algún partido suyo del circuito de la ATP.
Se quedó boquiabierto, el muy estúpido. Antes de que articulara frase alguna, le espeté:
- Y lo siento, pero me tengo que ir. Ayer ví "Match point" y desconfío de los tenistas aficionados.
Me dí la vuelta y volví a casa. No miré atrás en ningún momento. Recuerdo el episodio con amargura, pero feliz por no haber perdido mi orgullo. Imagino que he vuelto a entrar en otra larga etapa de recelo hacia las virtudes del sexo opuesto.
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