jueves, 17 de noviembre de 2011

Cosas finas

Buenas noches, mis queridos amigos. Hace mucho tiempo que no publico, y debo admitir que este hecho me quita el sueño. Son tantas las cosas que quiero compartir, y por otro lado, me apetece tan poco convertirme en una blogger egocéntrica que cree que cualquier cosa que transmita cambiará el sentido del mundo... Pensarán Vds. que soy un ser atormentado, lleno de prejuicios y complejos, pero no es así. Simplemente soy muy crítica y exigente conmigo misma.
Pero dejemos apartadas, por el momento, este tipo de cuestiones. De hecho estos días, en lugar de apoltronarme en el sofá, me he dedicado a salir por este Madrid que tanto adoro,  paseando, de compras, quedando con amigas y haciendo todas esas cosas finas que toda señorita desearía hacer.
Mi amiga Nicole, la amiga más moderna que tengo, alarmada por el tono nihilista de mi último post, me llamó y me sacó de paseo. Fue una tarde muy agradable, visitando tiendas de antigüedades y de ropa vintage, tocando todo y no comprando nada y degustando bebidas espirituosas en pequeñas dosis. Parecíamos Sarah Jessica Parker y Cynthia Nixon pisando las estrechas aceras de Triball como si fuera la Quinta Avenida. Aunque un golpe en la rodilla con un bolardo me hizo volver a la realidad.
En uno de los pintorescos locales de la zona me interesé por una actividad: degustación de Gin Tonics en mi propio domicilio. A los tres días tenía al barman en casa. Invité a todas mis amigas, como Nicole, siempre rompedora, que apareció ataviada con un sombrero de fieltro y una negligée que dejaba poco para la imaginación. También acudieron mi vecina de rellano, la Rosa Mari, y la Tati, encargada del "Jack&Jones" y presidenta del club de fans de Shaila Dúrcal. Jacinta la Heavy hizo una fugaz aparición, pues bajó a llamar por teléfono y no volvió a subir. Nadie se percató de su ausencia, pues ya íbamos todas algo achispadas.
El barman era un profesional tan fabuloso que convertía cada combinado en un elixir prohibido. Fue una velada tan elegante, fresca, divertida, chispeante... Una aureola de magia irrepetible nos envolvió, de tal forma que acabé comprando dos botellas de Hendricks que me salieron muy poco económicas.
Cuando desperté a  la mañana siguiente, algo aturdida, me miré al espejo. Y cuando me ví reflejada con la camisola de dormir, pálida como la cera y con el cabello mediterráneo encrespado, mi aspecto era tan lamentable que cualquier apuesto galán que me hubiera visto de esa guisa hubiera huído despavorido.
Por suerte, tengo reservas de ginebra para el largo invierno. Estáis todos invitados. ¿Con una rodaja de pepino o de limón?